viernes, diciembre 09, 2011

Entre el polvo y la pólvora.



La novela histórica, antes de ser un arma de doble filo para el autor al momento de escribirla, es un buen pretexto para usar la ficción como catalizadora de la historia y viceversa.
En lo particular, la narrativa histórica que se hace en México siempre ha llamado mi atención. Me veo descubriendo que lo que más he leído a éste respecto, se ocupa de la revolución mexicana. Mencionaré dos: Mariano Azuela con “Los de abajo”, y la biografía narrativa que hace poco hizo Paco Ignacio Taibo II sobre Pancho Villa, (existe también una novelota de Juan García Ponce que se llama Crónica de la Intervención que, dicen los que saben, también es de corte histórico).
Hay también por ahí algunos cuentos y crónicas sobre la llamada Revolución Mexicana que me han ocupado. Estos son, mayormente, de autores locales publicados a cierto nivel regional.
Es una fortuna que en México aun no tengamos buscar nuestro pasado inmediato con palas, picos y una parvada de arqueólogos desenterrando la historia.
Lo anterior También aplica a otras expresiones como la música, la danza folclórica, entre otros.

La novela que hoy nos ocupa parte, a decir del autor, de la, de una costumbre viva y placentera que emociona casi cualquier gente: la tradición oral. Ese conversar que te ubica con datos y anécdotas en situaciones y fechas que siguen vivas en la memoria de algunos viejos que para nuestra fortuna carecen de valor para olvidar.



La revuelta más importante del siglo pasado en el país fue la llevada y traída revolución mexicana. Cuando niños, en la primaria nos dijeron mañosamente de lo que se trató. Nos hablaron de respeto a esos héroes. Afortunadamente, ya de grandes pudimos pensar de otra manera. Je. Como el autor, descubrimos que tenemos algunos héroes de esa revuelta, más cerca de lo que creíamos: tatarabuelos o si eres algo veterano a lo mejor tus abuelos participaron.

Entre el polvo y la pólvora de Gabriel Velázquez Toledo es una novela que trata del paso de la revolución mexicana por el Estado de Chiapas. Específicamente desarrolla sus acciones en el Valle de Cintalapa y los alrededores.
Gabriel, al principio de la novela hace una descripción detallada de las haciendas que existían en esos años.
Explica minuciosamente el funcionamiento de las mismas; los quehaceres y perfiles de los que ahí laboraban y su relación con los patrones o hacendados. Aquí debo detenerme y hacer hincapié que en esta parte de la novela, el autor relata muy sabrosamente un fiestón tradicional que se lleva a cabo en una de la haciendas mencionadas. Les recomiendo mucho detenerse a disfrutar en la manera sublime en que el Gabo hace beber aguardiente a los personajes…caray, se hace agua la boca cuando esos hombres duros le pegan un trago a la botella de agua de fuego para llenarse de valor para a montar un fiero toro en ese jaripeo-fiesta de la hacienda.
Cuando se detiene a narrar los olores de esas fiestas de pueblo: la juncia regada en el suelo, los inciensos en el aire, y por supuesto la comida.
Se nota enseguida que esta primera parte de la narración, se la platicaron de primera mano, sabrosamente; con ese interés encontrado de las dos partes: del que cuenta la anécdota y del que la escucha. Alegoría del proceso de la comunicación donde emisor y receptor se convierten en un cúmulo de complicidades y los dos saben que quieren compartir a los demás (nosotros) esa historia que quiere trascender a otros niveles. Ese puente agradecible entre el que platica y el que escucha, luego del que la escribe con el que lee…

Comparto con el Gabo la dichosa manía de escuchar, casi a todos: a los viejos, a los niños, a los compas de cualquier edad. A los viejos los escucho para ser un mejor niño, a los niños para ser un mejor adulto y a los compas para aprender que nuestro tiempo es ahorita; y para comprobar que mirar al pasado para hacernos un mejor presente no es cuestión de slogans oficiales ni promesa de campaña política. No.
Debo decir que admiro (aun siendo yo un bibliotecario decadente y venido a menos) al Gabo por su labor de investigación para escribir Entre el polvo y la pólvora. Su disciplina para realizar investigación documental, de campo y todo eso…


"Entre el Polvo y la pólvora" yo lo dividí en dos partes

, como ya dije anteriormente. La primera es una descripción de una fiesta de hacienda donde suceden desde peleas y desacuerdos propios de la alcoholización hasta suertes en la monta de toros bravos.
La segunda es ya la aventura y la acción: persecuciones a caballo, batallas a balazo limpio. Entre estos sucesos Gabriel entra de lleno a dar brochazos históricos y explicativos sobre la particular manera en que la revolución mexicana se llevó a cabo en Chiapas.

Aparecen los hombres rudos, se debaten las rivalidades, se suelta la balacera, el correrío de gente, la confusión, el relincho del caballo…y no falta el que dice “para qué tanto balazo si con un chingazo tengo” (ah no, esto lo dijo el Piporro) je.

En esta segunda parte, la novela de repente da un giro y es un western, una película de esas del viejo oeste. Se va con ese ritmo de las novelas vaqueras, de aquellas a las que mi tío Camilo les llama “de letritas”. De esas que hacen las delicias de absurdos como el de quitarse la sed con un vaso de whisky el de “traer el polvo de todo un estado en los pantalones y chaparreras”!
Muchos nos iniciamos leyendo estas novelitas vaqueras. Esos libritos son lo que leen los que no leen. Seguro que Gabriel los leyó alguna vez. Tiene algo de ese ritmo.
Esto no le demerita, la novela tiene ese ritmo y créanme, no desmerece su narrativa en lo más mínimo, por el contrario la vuelve una novela en busca de lectores, de toda clase de lectores. No solo de lectores especializados en el tema que aborda la trama o de esos especializados en historia.



Por otro lado el autor de seguro sabe quién fue Martín Fierro o Joaquín Murrieta. Y si conoce a estos dos personajes, seguro ha leído a Borges y a los múltiples biógrafos del matagringos más admirable que ha tenido nuestro país. Y es que algunos de sus personajes tienen ese arrojo y valentía que caracterizó a Fierro y a Murrieta. No es un comparativo gratis


El paso de la llamada revolución en Chiapas ya tienen en “Entre el polvo y la pólvora” una manera menos académica de contarse. Gabriel no se compromete a explicar de manera muy profunda el suceso. A lo mejor no hace falta (y aquí es donde entra el lector especializado) porque si su finalidad hubiera sido profundizar superlativa y académicamente, seguro nos hubiera hecho un ensayo histórico de esos con lenguaje complicado y pies de página incomprensibles. Pero no. Por el contrario, nos hizo una novela donde aparte de contarnos una aventura llena de acciones, nos acerca y nos narra un suceso relevante e histórico que no nos es ajeno a los que habitamos mexiquitonoterajes. Y conociendo al autor, no creo que se agüitase si su libro se intercambiara de un lector a otro por uno de “Marcial Lafuente” je.
Ahí está Entre el polvo y la pólvora, acepta su invitación a leerla, y repito: Es una novela en busca de lectores…



Omar Navo
San Cristóbal de las Casas
Primavera 2011

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