jueves, noviembre 19, 2009

Franco Félix habla de AL CONTADO












Todo comienza con los nombres. El autor de este libro no se llama Omar Gámez. No para mí. Quien escribe se hace pasar por el Navo. Primera variación: Brassica Rappa. El autor escribe su nombre con V. Si fuera con B las cosas serían más sencillas. Nabo (repito, brassica rappa, su nombre científico) tendría un significado brutal, primigenio. “Soy el Nab(v)o” dijo cuando lo conocí. El sentido rural de su presentación me llevó a una hortaliza llena de raíces bulbosas. El ser bestial e inofensivo delante de mí distorsionaría la analogía de cultivo. “Se escribe con uvé”, escupiría en ese encuentro mirando a los lados, “por Navobaxia”. Segunda variación: El ser impune delante de mí no podía ser un nerd enamorado de un planeta perdido en un cosmos dimensional. Un tipo con esa pinta no lee cómics galácticos. Es un axioma (emulando su narrativa). Búsqueda en Internet. Si no existe Navobaxia en Wikipedia no existe en el planeta. Confirmado. Navo es el apócope de ¿Navolato? ¿Navojoa? Eso antes. Cuando recién lo conocí. Un puente de oscuridad entre los dos. Hoy, me entrega este manuscrito, vuelvo a buscar, a navegar en la red, en busca de más pistas sobre el paradero, el espacio físico, real de sus relatos. Una página pequeña, humilde, en Google: Navobaxia está situado en el Municipio de Huatabampo (en el Estado de Sonora). Tiene 659 habitantes. Navobaxia está a 10 metros de altitud. Primero el miedo. Leo algo más abajo. Escuelas en Navobaxia: El nopal, Narciso Mendoza. Tiemblo. Quiero arrojar mi computadora lejos de aquí. Las historias que he leído en este libro son reales. Nada de terror, todo de aislamiento y realidad espesa. Todo comienza con los nombres. El autor de este libro de relatos –que rayan en el cuento, la crónica y el anecdotario- nos miente al mostrarnos la realidad en estado puro. Tercera variación, un axioma final: Leer a Omar Gámez Navo es igual a extender mapas en el suelo. Su narrativa es geográfica. El espacio físico es substancial. Al mismo tiempo que los protagonistas niegan su entorno, lo detestan, niegan su identidad, sus nombres (todos tienen apodos extraños, nadie se llama Raúl, Pablo, Luis), por lo que la reinvención de ecosistemas –incluida la flora y fauna bizarra que son los personajes secundarios- resulta un consuelo. Los personajes, misteriosamente llamados Omar, presentan fielmente el síndrome del nuevo siglo: el abandono.

Franco Félix




(la foto de grupo es de internos del cereso 2 de hermosillo, sonora...la primera no estoy seguro de que sea Franco Félix, pero se parece a el (la tomé de una página de aficionados y practicantes de la Dianética))

3 comentarios:

Revista Shandy dijo...

jajajaa asshole. una vez tuve una experiencia con la dianética. luego te la cuento en persona. fue escalofriante.

Anónimo dijo...

Muy buen post, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

Anónimo dijo...

Interesante post, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)