Friday, August 14, 2009



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sale bara, bara!



A continuación unas palabra de Iván Ballesteros a propósito del Libro




Advertencia
Al contado



los peces podridos del Navo

No espere encontrar el lector de Al contado la grandilocuencia puñetera de un escritor con búsquedas formales. Ni los personajes de las narraciones contenidas en este libro, ni su autor, se andan con ese tipo de expectaciones. Aquí la raza que suda en cantinas y campos tiene un lugar apartado, una cerveza helada, una historia.

Los lugares comunes del pensamiento y la expresión, como decía Reyes, no siempre son comarcas alejadas de la literatura. Un cuento, una narración, una anécdota, son sinónimos que no están tan separados, semánticamente, uno del otro. De allí que una buena historia contada por tu tía la gorda o un borrachín apestoso en una barra, sea igual de provechosa que un cuento de Gogol o Carver. En el sentido argumental, claro.

La pericia del Omar Gámez (Navobaxia, 1978), mejor conocido como el Navo, radica en su frescura para recrear situaciones que discurren de una oralidad o memoria colectiva. Esas épicas individuales a las que todos estamos expuestos. Con un lenguaje de arrabal que caza con personajes del mismo extracto, las historias se rodean de sentimentalismo, soledad y miseria. Otras veces de humor y emoción adolescente. Protagonistas que encuentran en cantinas, trabajos basura, campos de pueblos que apenas existen (allí la mítica Navobaxia) contextos de inmundicia a lo Bukowsky, es decir, enlazados por elementos de vicio y circularidades obsesivas: latas de cerveza, sexualidad pasajera, abandono. Perros que se muerden la cola.

Al contado es el primer libro en la carrera de un vago por oficio. Cholo punk trovesco. Alguien por quien pregunta el personaje más extravagante de Hermosillo: el Polacas. Omar Gámez, el sujeto que pide una hora de tacos y que todas las noches, religiosamente, vierte aceite en las tuberías de agua para abonar a la catástrofe colectiva, para ser parte, aunque nadie se entere, del deterioro ecológico.
El color de las putas, su invariable tragedia. El laconismo que se oculta en fratachelas donde no falta el “compita” o la amiga que, de tanto alcohol y confusión, se convierte en la amante incómoda de una noche: la vida.

Al contado, así, al chas chas se entrega este libro. Con el descontón de la realidad y sus bajas pasiones. El Navo es un cronista del aniquilamiento voluntario. Alguien que paga la cuota por contar su historia y la historia de lo que ha visto y escuchado. El precio: quedar marcado por ese mundo bajo, y no menos poético, de los jodidos, de los que nunca morirán de sed. Los peces podridos.

Iván Ballesteros.


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