Tuesday, August 07, 2007

Los últimos tres de Jaime López




Si hablamos como fan podríamos decir lo siguiente: Jaime López es el rocanrolero más chingón que hay en Mexiquito lindo. Cada uno de sus discos muestran una evolución y desarrollo musical y letrístico que casi ninguna banda de por acá ha logrado, y que, con un poco de suerte algún día alcanzarán. Es de los pocos, si es que no el único, que te hace regresar a sus discos cuando destapas una cheve o te dispones a forjar patria o te sientes chingón o cuando tienes coraje, etc.
Si hablamos como radicales diríamos lo siguiente: Jaime López es lo mejor que le ha pasado al rock de factura mexicana, casi no hay que escuchar sin tener un dejo de incompleto placer o de vaciedad por tanta presunción y/o pretensión.
Además de que sus letras no se andan con pendejadas para quedar bien con compañías disqueras, la radio, la tele, la prensa o los demás medios que mañosamente le dan rumbo a lo que hacen la mayoría de los grupos y a lo que escucha la raza.
Si hablamos “objetivamente” diríamos algo así: Jaime López es un músico que tiene ya algunos años haciendo un trabajo que ha logrado ya ser diferenciado de lo que los demás grupos o solistas del rock han hecho en México. Ha logrado discos de influencia y de obligada revisión para explicar lo que hasta hoy ha influenciado al rock hecho en México.

López tiene en su haber unos 15 discos, unos a duetos, tríos y es el compositor de cabecera de Cecilia Toussaint. Con más de veinte años de estar dándole al rockanrol con letras y música para atinar a quedarse como precedente en el rock que se hace en México. Sus discos suelen ser muy diferentes entre si, las similitudes son solo las que la misma música o el estilo dan como concesión a cada músico, sin embargo eso se tiene que buscar, es difícil encontrarlo pero se logra con la chamba, ¿disciplina?, el tiempo; Jaime ya encontró esa parte.
López entiende de letras y música, se codea con la metáfora, lo urbano, algo de hiperrealismo, ficción un poco terrorífica, nada de autocomplacencia ni piedad, y por supuesto algo de humor autocrítico y reflexivo. López se ha mantenido fuera o a una distancia sana de los reflectores que encandilan y –al parecer- apendejan. Le ha entrado en su carrera al rollo rupestre en sus principios, al rockanroll y hasta al ritmo guapachoso.
Recuerdo al codeo de bandas en los ochentas con la música guapachosa de barrio, lo hicieron la botellita de jerez, mamá zeta, trolebús y el mismo Jaime López. Paco Barrios el Mastuerzo (pila de la botellita de jerez) me decía que “le entramos a lo guapachoso pa´ llegarle más a la raza, a la banda; pero si te das cuenta, las letras no eran tan azotadas o mamonas, eran las mismas letras solo el ritmo era cambiado, porque hablábamos de lo mismo, eso sí cada quien con sus pedos: la botella con su guacarrock, el Jaime López con sus rolas de juego de palabras y con los temas que en esas fechas le importaban, el trolebús con sus ondas urbanas, y así. Es que queríamos salir a tocar al barrio y gustarle a la raza, no lo logramos del todo pero sí salieron buenas cosas”. Es lo que dice el Mastuerzo, algún día le preguntaremos a Jaime López sobre por qué existen rolas como “malafacha”, “ella empacó su bistec” y “echémosle la culpa al camionero”; que insisto, no desmerecen, son muy divertidas.
Algunos solistas y bandas han dicho que es la chamba de López parte de su influencia: los tacubos, los malditos y otros más, siendo lo más inteligente lo dicho por José Manuel Aguilera de La Barranca: “a mi me gustaría hacer con la música lo que Jaime López hace con las letras”.

En la discografía de Jaime López yo me quedé en el Nordaka (1999), donde en un par de rolas hace un dueto con el Piporro, y al parecer desde entonces no había asomado la cara con otro disco. Hasta ahora que en menos de un año nos llegó con tres discos de los cuales hay mucho que decir. Salieron, a saber, en la segunda mitad del 2006, pero a un seguro servilleta le llegaron a principios de éste 2007. Nos ocupemos de ellos que era –je- la intención inicial.



No más héroes por favor, el panteón ya se llenó/ Tomas de Lap Top.

Es la segunda vez que se juntan Jaime López y José Manuel Aguilera (guitarra del grupo La Baranca) para hacer un disco a dos manos. Ellos mismos han dicho que igual el No más héroes… podría escucharse como la continuación de su primer trabajo juntos Odio fonky /tomas de buró, aunque la última palabra es del que lo escucha. Son doce rolitas muy disímiles entre ellas, poco hay para comparativos letrísticos y guitarrísticos. Y lo mejor es ese sonido y estilo ya encontrados por López-Aguilera, ni López se va hacia lo acústico (que tan bien hace y parece que le gusta) ni Aguilera hace tantas guitarras densas y complicadas (como las que hace en La Barranca). La mayoría de las letras son de los dos, se nota enseguida si se conoce el trabajo de ambos: es la letra de López, esa que hace juego de palabras urbana y dicharachera y que a veces siente una divertida nostalgia ficciosa (Te amé pegada a la barda/y la fábrica en eso silbó,/contigo anduve en los rieles/del tranvía que un día pasó./Y tomamos café con los chinos/y de esto jamás se escribió./Te amé pegada a la barda/y la fábrica en eso silbó); eso sí siempre presente el humor ingenioso (ya mi cartera parece/un corazón en desgracia/si tuve suerte/ de cama en cama/ disculpen hoy/mi seria cara). La parte poética y un poco seria -sin caer en lo engorrosamente formal- seguro viene de Aguilera; él gusta de eso y en las rolas de La Barranca queda más que señalado.
A diferencia del Odio Fonky, en éste disco, es necesario decirlo: la guitarra de Aguilera suena más y tiene más presencia. Las rolas tienen ya ese sonido guitarrístico que Aguilera ha logrado tocando en La Barranca y su proyecto como solista a la fecha; hasta unos coros hace en un par de rolas por ahí, y bueno, el toque aguileresco se nota mucho en el disco ya que el se avienta también el jale de la producción y menesteres técnicos. A decir de algunos la guitarra de José Manuel se escuchaba algo tímida en el Odio fonky, ya en el No más héroes… grita ¡presente! con acordes fluidos.
Ya parece que va ser requerido que estos dos se junten para seguir haciendo estos discos, y es que los hace sin pretensiones de ninguna índole: ni comercial, ni de enfrentamiento de egos, ni con afán de notoriedad gratuita, ni siquiera para comparar sus estilos o géneros o gustos musicales. Es chamba realmente de comunión entre dos buenos músicos. Hay mucho detrás de discos como estos, no sé que tan difícil sea producir algo así, pero es evidente la diferencia entre éste y otros discos hechos a dos manos que parecen estar realizados para ser vendidos como tacos o tortillas en el centro, a granel y sin filin, planos, pretenciosos y altamente perecederos según una fecha de caducidad mediática.
Es al cumplirse 10 años de la aparición del disco Odio fonky /tomas de buró que regresan con este No más héroes… y a decir de López y Aguilera se han divertido mucho haciéndolo, además de lograr mejor producción y mejor calidad de sonido. Y lo mejor es que ninguno de los dos está cansado de lo que hace y les da gusto volver a encontrarse para hacer un disco como este.


Arando al Aire

La mayor parte de las rolas de este disco son acústicas, acústicas a lo country, a lo western urbano. Ya Jaime ha trabajado con este estilo; recordemos el Desenchufado, donde logra un acústico cercano a la música norteña, con letras de road, de fuga geográfica que se pasea por el norte y las vagancias que se puedan hacer con solo una mochila, de aventón y de trampita en los trenes de Durango a Nogales o Tijuana. López siempre incluye lo acústico en casi todos sus discos. Es ese sonido acústico como el catalizador del desbordamiento de intimidad que como fórmula acertada entra al escucha para invitar al disfrute.
Habría que decir que a diferencia de acústicos de otros músicos que suelen caer en demasiada suavidad y/o romanticismo blandengue o rogón, el acústico de Arando al Aire va y topa a la barda de la realidad, con palabras nada rebuscadas, palabras de la banda pero no simplistas, hay un romanticismo, pero que invita al faje, que invita al beso nada recatado, al amor poco serio, de ese que más se antoja. En Arando al Aire aparece a veces la guitarra eléctrica para blusear y hacer coro a la voz de López (que a decir de unos compas canta como Tom Waitts, ¿será?)
Comienza Arando al Aire con una letra de ficción de un sujeto que tiene un día normal, pero los acontecimientos se van negando hasta que el hombre, las situaciones y la realidad desaparecen (la canción se llama Sexofricción). Como dijimos arriba es esta una de esas historias de ficción-horror, muy a la Borges-Bioy Cazares. Seguimos con la rolita que da título al disco Arando al Aire, es algo así como querer decir o hacer un cortejo que se va a firmar en el viento, pero ese cortejo implica palabritas salivosas al oído, promesas de cuerpos juntos; pasarla bien aunque afuera en la calle haya muchas lágrimas negras. Después pasamos a un rolita western malapata. Una rola de esas de vaqueros a los que no las ha ido muy bien que digamos, aun así hay tiempo para bailar con el dedo en el gatillo. Un duelo frente a frente donde la única regla es no disparar indirectas (como buen vaquero viejo ya no me ando con rodeos). Un vaquero con las balas húmedas, que monta caballos desbocados. Disfrútese esta rola con una cheve bien fría y un cigarro fuerte.
La rola siguiente es una nostalgia chaquetera de las estrellas de los años treintas ¿dime qué fue de la gran Betty Boop? Por cierto esta rola viene también incluida en el No más Héroes… en, claro, diferente version.
Luego Jaime López llega tocando las puertas del cielo a preguntar no por Jesús el súper estrella sino por la Magdalena, la del oficio más antiguo del mundo. La rola suena iconoclasta y como otras tiene musiquita western. ¿Para que querrá a la Magdalena?
Siguiendo un poco con vaqueros y pistolas la rolita que se llama Más mortal que una bala, habla de un rompimiento pasional entre metafóricas heridas y ausencias (y más mortal que una bala es una sola certera palabra/más mortal que una bala es el silencio que dejas en mi alma). Chida rolita para el abandono.
Luego una canción para esas mujeres peligrosas, cercanas a una explosión mortal, mujeres delicadas como una granada de mano, como si el corazón de por sí no fuera una bomba de tiempo. Suave rola trata de la intensidad de pasar del abandono a ese encuentro buscado de labios piernas y humedades.
Y así se va el disco en 13 rolitas tocadas a cuerda de metal, la voz de Jaime López, ficciones, westerns urbanos, encuentros urbanos y hasta un fantasma de una giatana.
La única info del disco es que fue producido por Jaime Pavón y grabado entre enero y febrero del 2006, sin disquera.



Jaime López y su Hotel Garage
Grande sexi tos

Es un disco total y absolutamente con sonido garage. No suena a experimento malogrado, y el género le sale bien a Jaime López, no improvisado ni sacado de la manga: hay poder, distorsión, estridencia y densidad. Como dice el título del disco en ese juego de palabras (Grande sexi tos), son rolas que antes ya había grabado, con otros arreglos y ritmos. Aquí hagamos un alto para puntualizar que, no es lo mismo que Jaime López haga un recopilado de sus rolas comparado a lo que suelen hacer otros grupos, que sacan las mismas rolas sin hacerles el más mínimo arreglo para dejar más o menos atractivas las rolas. Además que los recopilados meramente comerciales casi siempre quedan a merced de las disqueras, y en eso radica lo plano que suelen quedar esos compilados. Estos Grande sexi tos son la diferencia. Hay además en Grande sexi tos una tercia de rolitas nuevas, inéditas. Son once canciones en total hechas con dos guitarras, bajo, batería y voz. Los invitados son Roberto Villamil y José Luis Domínguez en las liras; Iaván García en la bataca y Jaime le da al Bajo. Las letras van muy ad hoc con el desmadre de andar de pedos, de hotel en hotel, con los compas, con amantes, con el diablo, con la cruda, la pasión y esas cosas de las que sabe hablar Jaime López con ese dejo de humor escabroso y un poco filoso.
Jaime López está, con esta chamba, atravesando paredes que pareciera que no le eran propias mas no imposibles de traspasar. ¿Qué se podría decir contra esto? ¿Que se monta en un género que no conoce? ¿Que no lo hace bien?, otra vez el que escucha tiene la última palabra. Además las rolas de Jaime dan para garagearlas y para otras cosas más; como ya lo hiciera la Toussaint al hacer electrónica una de las rolas de López en su disco En Otro lugar.
Escuchar a López bien eléctrico, quien, como dijimos arriba, gusta más de lo acústico, es interesante y algo intenso, su voz se vuelve más aguardentosa de lo normal, hay otra velocidad a la que estamos habituados a escucharlo; y es que se va por las vertientes más notorias del sonido garage: rolas un tanto densas, lentas y a veces hay algo de acelere. Hasta donde se sabe tiene toda la intención de salir a gira tocando garage. Habrá que esperar a verlos.
El disco dice que se grabó a finales del 2005 y a principios del 2006, y fue producido por José Luis Domínguez. No hay disquera.

Sunday, August 05, 2007

San Valentín Elizalde.

Abril García "en la mira" (www.abrilgarcia.com)

Le tiraron más de 40 balazos, lo finiquitaron con el infalible tiro de gracia. Y empezó el mito, la mentira repetida mil veces que se convierte en verdad. Ahora es más asqueroso que antes; no hubo, en la semana de su muerte, programas y canales de televisión que no hablaran de la muerte de Valentín Elizalde. Desempolvaron los capítulos de algunos programas de muy bajo raiting donde lo habían invitado y los repitieron hasta el cansancio. Ahora que los gruperos tienen cabida y resultan redituables a los poderosos medios: hay por lo menos 3 canales de cable dedicados 24 horas a transmitir videos gruperos… de las estaciones de radio se cuentan por centenares en México y en otros países. Y para los necrófilos que ya no son convencidos por las lágrimas y los mocos, en internet estuvo rolando el video de la autopsia de Valentín. A casi 5 meses de su muerte siguen ocupándose del caso en los medios. Las dos grandes televisoras de México saben que la muerte, la lástima y las lágrimas venden, son alto raiting para vender sabritas y hamburguesas. Se repite la fórmula de la sensiblería lacrimosa que tanto daño hizo a las generaciones que crecieron viendo las películas deprimentes del mal llamado “cine de oro mexicano”. Hoy se repite en los medios esa fórmula lastimera para manipular el sentimiento popular. Hoy es desde los llamados “Realitys faranduleros” de donde se transmite a manera de noticia amañada casos como el de una modelo esquelética freak drogadicta que es ingresada a un hospital psiquiátrico; o con la videocrónica del rompimiento de una vedette con su novio cinturita; o ya de plano las broncas sentimentales de la infumable tigresa con sus múltiples novios, Bodas y sepelios de famosos por igual…
Hoy las televisoras son dueñas de sus noticias de espectáculos porque de igual manera son dueños de la vida de innumerables “estrellas de la pantalla chica y grande”. Son tenebrosos y peligrosos, hacen su agosto con la muerte, ya sea la de una figura pública (como la de una de sus estrellas) o de alguien desconocido, como el caso de los teletones y toda esa basura del capitalismo tardío para tirar unas monedas a la chusma y de paso lavar los millones de los Salinas-Azcárragas ¿han visto la cara de los pobres niños cuando los hacen llorar al contar sus historias?
Hacen ver normales y atractivas las muertes de sujetos de dudosa reputación. Ya pasó con el asesinato de Paco Stanley, caso con el cual escondieron el trasfondo: sus nexos con el narcotráfico. Hoy, con la muerte de Valentín Elizalde sucede exactamente lo mismo: el móvil del crimen son sus nexos con el narco. Los medios lo primero que hicieron fue culpar al gobierno. Con sus caras impostadas y sus odiosas voces (¡por el amor de dios ¿¡ya escucharon por más de dos minutos la voz de Paty Chapoy!?) diciendo “señoras y señores nadie está a salvo de ser acribillado y muerto en la calle. Nuestras instituciones publicas encargadas de la seguridad pública no funcionan, los ciudadanos estamos en peligro siempre de que…” (¡¡¿¿??!!). Acá entre nos, no creo que le vayan a disparar 40 balazos a don Chepito, el señor que vende tacos de cochito a dos calles de mi chamba, no creo, porque él no le canta al Chapo Guzmán ni trae un kilo de cocaína en su motoneta improvisada como taquería.
Y luego llegó el llanto, muchas, pero muchas personas fueron a llorarle a Valentín Elizalde a Navojoa, CD Obregón en Sonora y Guasave en Sinaloa. Se habla de cincuenta mil personas acompañando al cuerpo en estos tres municipios. También llegaron los comparativos: que hubo más gente que en el sepelio de Pedro Infante y que los medios escondieron la información porque el mito de Pedro Infante aun se le puede sacar más sangre.
Unos carnales poetas y fotógrafos (a quienes a veces respeto) me decían que había que solidarizarse con la muerte del “Vale”, -porque es una figura pública que la gente admira y respeta. -Que es algo más allá de nosotros. ¿Identidad? no creo. Entiendo que los buenos poetas, escritores y muchos artistas fraternizan o dan su lugar en este mundo en su obra a ladrones, viciosos, locos, al lumpen, al jodido, a los cínicos, etc. Siempre he desconfiado de las figuras masivas engordadas desde los medios. No creo que sea correcto simpatizar con los narcos, no, los narcos quieren acumular riquezas, son explotadores de la banda que les cosecha sus siembras; son un eslabón importante del capitalismo salvaje, de la polarización entre pobres y ricos. Los actos y las actitudes de los narcos están muy lejos de tener que ver con el espíritu libre de un poeta o un buen artista plástico. Digo esto por los carnales que arriba menciono, me preocupa que admiren a alguien como Valentín Elizalde o el Chapo Guzmán. Aunque esta vida da para todo, como el caso de los escritores que eran financiados por los dueños de la mina “Pasta de Conchos” en Coahuila, esos me valen madres, porque sé que a mis carnales artistas y un servidor jamás hemos leído a Germán Dehesa, por ejemplo.
¿Habría que sentirnos mal por haber perdido una voz privilegiada o un buen autor cancionero de nuestra amada nación, con la muerte de Valentín Elizalde? No creo. Ni siquiera podemos decir que era uno de esos casos, que todos conocemos al menos uno, donde “es tan malo, pero tan malo, que resulta muy bueno” (como José Alfredo Jiménez y algunos de sus intérpretes). Por otro lado les confieso que he escuchado a cuatro batos que se apellidan Elizalde, “El flaco”, Joel, “el chico” y otro que vive en Sinaloa y no me acuerdo còmo se llama; los cuatro cantan en bailes y los cuatro cantan igualito: en tono grave y sin la más mínima vocalización. Este tonito de cantar como los “Elizaldes” viene desde el padre de estos cinco batos que menciono: Lalo “el gallo” Elizalde, ídolo de bailes en ejidos y poblaciones de Sonora y Sinaloa, quien en los bailes gritaba “que feo canto, pero como vendo cassetes”. Este señor murió en un accidente automovilístico en la carretera de Villa Juárez-Navojoa en Sonora, hace ya algunos años. Esa vez el dolor de la muerte accidental de Lalo “el gallo” fue limitado a ciertos municipios de Sonora y Sinaloa. Las radios locales estuvieron con la noticia un par de días. Los periódicos lo anunciaron en una nota casi perdida. Eso sí, sus discos se escucharon casi por dos años seguidos antes de ser encasillado en el olvido, fue hasta la muerte de su hijo Valentín, cuando empezaron a mencionar de nuevo a “el gallo” Elizalde. Por si fuera poco estos dos señores eran pregoneros de un machismo exacerbado y contundente. Nunca he entendido como los misóginos tienen por mayoría a mujeres en sus filas de fans, los cantantes golpeadores por igual (Ricardo Arjona, Nelson Ned, Armando Manzanero, etc. Léase Replicante N° 6, en el texto “Violentos y románticos” de Jaime Cháidez Bonilla). “Me voy a quedar con la primer mujer que me de un varón” decía sin empacho el “Vale”, quien (dicen) fue padre de ocho niñas…
Yo me vine de sonora cuando este Valentín Elizalde empezaba a cantar en los bailes, cuando era telonero aun. Escuchaba mis primas decir que estaba bien guapo, “que la fulana bailó con él y le plantó un beso”. La cosa era local así como locales son los cientos y cientos de sujetos que cantan esa música en las cantinas y los bailes gruperos y rancheros en Sonora. Alguna vez llegué a ver la portada de uno de sus primeros discos en la troca de alguno de mis primos que viven en Nogales. He de haber escuchado alguno de sus narcocorridos, pero la verdad nunca supe distinguir la diferencia entra las voces de los hermanos Elizalde. Hoy en cualquier parte se escucha la voz de Valentín “el gallo de oro” Elizalde hasta el hartazgo. No hay manera de escapar.
Una mañana, antes de irme a la escuela, mi jefita estaba silenciosa, suspirando y al punto de la lágrima haciendo unos huevos para que su vástago no se fuera con la panza vacía a estudiar.
-Amá, qué le pasa por qué anda agüitada?, le pregunté.
-Es que en la madrugada de hoy se murió Lalo “el gallo Elizalde” en la carretera de Villa Juárez, me dijo mi jefa llorando.
-Amá, si ese señor cantaba bien feo, no se me agüite.
-No digas nada mijo’, tú te llamas Everardo porque me gustaba mucho la voz de Lalo “el gallo” cuando cantaba en el dueto “los dos gallos”.
Quisiera que hubieran visto mi expresión cuando me dijo eso… mis bandas favoritas en esa época eran Cannibal Corpse, Carcass y Venom.