Sunday, December 04, 2005

Tijuana Makes Me Happy


Algo así solo pudo haber sucedido en la frontera más perversa, divertida y alivianada del mundo (lo siento Toño Quijote, pero no es Tapachula): que unos batos tomaran la vanguardia en música venida de Europa: la electrónica; y dentro de toda esa música salida desde computadoras, grabaciones experimentales, sintetizadores, con algunos instrumentos convencionales invitados y mezclados metieran redova, bajo sexto, acordeón, tamborazos tipo “banda el recodo” o banda de “los tamazulas”¡puro Sinaloa!; gritos, coros y ambiente de estar en un baile donde toca Chalino Sánchez o Pedro Yerena “el trovador de topochico” y con letras (si es que las tienen las rolas) con motivos de películas de Mario Álmada, del argot de la raza que gusta de las rolas que tocan las notas que salen de las teclas que más le duelen al acordeón (Piporro Dixit): “qué onda jainita nos vemos en el baile de Valentín Elizalde, te pones los wranglers con los que te ves bien buena y yo llevaré tejana… ahí nos wachamos”, o algunas frases sacadas desde estrofas de compositores de música norteña y narcocorridos.

Después de Los cadetes de Linares, Los Invasores de Nuevo León (cuando cantaba Lalo Mora), Los Relámpagos del Norte, Ramón Ayala y los Hermanos Vega, a quienes mejor se les escucha el acordeón son a los batos del Nortec cuando meten samplers de acordeonazos que igual, me imagino, sacaron de alguna de las rolas de los arriba mencionados. Pocos hablan, dan crédito o concesión al colectivo Nortec como lo que son: batos con creatividad desbordada, músicos geniales, con propuestas y dispuestos a experimentar con aparatos y con polkas de los jefes de la música norteña. Eso sí hay que dejar claro que los batos de Nortec primero son músicos predominantemente electrónicos, luego entonces la música norteña es más como un elemento particular que hace lograr la diferencia de otros músicos electrónicos y dj’s que, dicen, ha gustado por allá por las europas y en gabacholandia, acá ni se diga.

Esta vez es el disquito que nos ocupa es el Tijuana Sessions Vol 3. Trece polkitas viajadotas, sabrosonas, pegadoras e interesantes ejecutadas desde Bostich, Fusible, Clorofila, Hiperboreal, Panóptica con la participación de Caléxico y Luis Humberto Crostwhite en unas ¿voces y letras? Paréntesis: Luis Humberto Crostwhite es un bato que escribe bien chingón y su novela “Idos de la mente”, la reseñaremos pronto en este su Blog favorito ¡no se la pierda!).

Nortec es un colectivo conformado por diseñadores, músicos, escritores y pintores. La cuidad de Tijuana como eje de los procesos creativos de todo el colectivo. Lo anterior se nota en el trabajo de todos los que conforman Nortec y que concretan su encuentro en, por ejemplo, un toquín de Bostich donde igual manera hay una exposición de lo que produce el diseñador Acamonchi, o se proyectan animaciones de otro bato del colectivo. Por todos lados encontraremos motivos de saber que todo eso se hace en Tijuana, ciudad que es una licuadora gigante de gente que cuando se enciende salen cosas como el movimiento Nortec; Tijuana, paso obligado de un montonal de gente que lleva arrastrando comportamientos, costumbres, ¿culturas?, visiones, creencias, músicas, etc. Ton’s todas esas cosas y la condición de frontera y esquina del mundo que es Tijuas lo aprovechan los batos del Nortec obteniendo unos resultados cabronsísimos en sus manifestaciones artísticas. El disco que hoy nos ocupa es un ejemplo claro.
Buen disco, buenas rolas pa irlas escuchando en el estéreo de la troca a todo volumen, si hay unas cheves bien elotes pues mejor

¡ajúa raza y arriba el Nortec!