Sunday, November 27, 2005

Crónica de la Intervención


Todos hablan de la obra de García Ponce desde incomprensibles términos académicos; desde críticas que nunca sé hacia dónde se dirigen ni a dónde quieren llegar. Tal vez porque su trabajo abarca una amplia obra de narrativa, ensayo y crítica de arte, traductor de Musil, Klossowsky, Marcusse… es que se ocupan de echarle un vistazo acucioso a su quehacer. Esta vez yo sólo haré una reseña de su novela titulada Crónica de la Intervención.

No es el primer libro de García Ponce con el que me encuentro y siento ganas de decir que me atrapa la imposibilidad literaria, la contradicción acentuada para colorear con una contemplación en complicidad autor-lector a personajes, situaciones y vidas que se desarrollan en sus cuentos o novelas.

El erotismo encerrado en miradas, en pensamientos, en algunos objetos que toman parte en ésta novela son un ojo que te mira desde un lugar que mientras más avanzas en la lectura menos te resulta desconocido, que por ejemplo en una de esas los personajes tomen voz y analicen y hablen con una libertad casi a su propia voluntad (¡en serio!).
García Ponce da voz propia a los personajes, las voces son distintas, pero dentro del desarrollo de la narración se hace necesario un solo lenguaje; como en uno de los personajes principales, que logra un lenguaje de mirada, lenguaje detrás de la mirada o la mirada delante del lenguaje: el sujeto es un fotógrafo.

Los personajes de Crónica de la intervención se construyen y toman su papel en la novela a través de individuales erotismos. La palabra –a veces- se convierte en pervertida mirada. La narración es atisbo a muchos niveles: son ojos que miraron, retrataron y se revelaron en la redacción de una carta que es importante eje en la comprensión del femenino personaje principal. La mirada es una presencia constante, mirada que después es recuerdo: a veces desde la soledad y desde la masturbación de un hombre solo en su cuarto, ya que a veces una introspección toma el lugar de la descripción de hechos y acciones en la novela.

Ser otro para empezar a ser el que se dejó de ser. Ser uno mismo para mirarse siendo otro en otra persona. Ser otro para terminar siendo alguien al estar con otros. Entrar en otros para seguir siendo otro; salir de esos otros para entrar en alguien para ser otro. Ser otro para seguir siendo el mismo. Algo así como afirmarse en el placer para renunciar a uno mismo. Y en medio de todo esto la locura, la muerte y la pasión.

Las posibilidades de la perversión y el erotismo se hayan en los personajes que deben encontrarse para contradecirse. La identificación erótica entre un exitoso empresario, un fotógrafo, un sacerdote, unos oficinistas, un rector de universidad, un par de escritores, un chofer, y en medio una mujer guiando hipnóticamente la vida de todos a través de la pasión, las concepciones y el erotismo que se crea desde su velo de lujuria y desde cada uno de los personajes.

La novela fluye en voz de los personajes de acuerdo a un irreductible paso del tiempo, y de acuerdo a sus posibilidades de saber diferenciarse entre ellos, entre el mundo y entre saber que los recuerdos, la vida y la muerte forman la realidad.

María Inés-Mariana es el personaje ante el cual se entreteje la realidad de la gran mayoría de los que en la Crónica de la intervención tienen lugar.
Mujer (es) más cercana (s) a una sumisión y a un carácter incierto y disponible a los cuerpos y a la calidad voyeur de quienes la rodean. De igual manera es ella misma quien desde su cuerpo ejerce una inercia para lograr ante los ojos de los demás personajes un ejercicio sensual y sexual casi ilimitado: en una especie de sesión grupal ella es poseída sexualmente por seis personas, hombres y mujeres…

La novela fluye entre meditaciones, razonamientos y hartazgos de: un sujeto que regresa del Japón de un fallido intento de convertirse en monje budista, en un psicoanalista que frecuentemente es retado por las patologías de los personajes que solicitan sus servicios profesionales; un fotografo maniático de la contemplación y víctima de su soledad; un sacerdote sin fe; escritores que terminan en el manicomio y una vacía clase alta refugiada en una inherente y sórdida frivolidad (o viceversa).
Crónica de la intervención es una novela vasta y objetiva. Juan García Ponce cuida y desarrolla amplia meticulosamente los personajes hasta convertirse –García Ponce- en una mirada ajena, desde fuera. Mirada que se expresa en palabras que aterrizan en la vida íntima, sensible, perversa y erótica de los personajes de la novela.



Ya me voy, tengo que lavar los trastes.