I
¿y si la noche no es cierto?
Como pensarte
-manque sé que no estás-
¿si no te pienso no existes?
como cuando se me acaban los cigarros
y me da por dormir plácidamente sin pesadillas
II
¿Y si pongo unas rolitas?
¿y si no puedo dormir?
¿y si fumo cuatrocientos veinte cigarros?
(nadie se muere de sobredosis de tabaco)
¿y si te hablo, se enoja tu marido?
¿La Sonia quiere conmigo?
¿y si compro un doce pack?
III
-Es en ésta colonia, ¿pa´dónde joven? –dijo el taxista
El Bato intentaba poner de acuerdo a un kilo de tristeza (por eso de que le ha dado por medir la tristeza en kilos), catorce cervezas, veinte cigarros, su razón dislocada, dos neuronas que cuando se embriagan no se ponen de acuerdo, tres canciones que no se ha podido sacar de la cabeza en los últimos dos meses y las bolsas llenas de noches y días bien vacíos...
-por la otra calle a la izquierda y la final –dijo el bato-
-sale
El bato bajó del taxi donde el chofer intentaba sintonizar en la radio el último éxito de paquita la del barrio en versión remix.
El bato se aproximó a la puerta de aquella casa y le propinó siete juiciosas patadas liberadoras de demonios (pas pas pas pas pas...)
El taxista sin importarle la deuda por lo servicios prestados huyó como narquete de Sinaloa cachado en la movida por la PFP.
Después el bato se regresó bajo la misma noche de siempre, pisando un camino viejo que le hace cayos nuevos, andando pasos que ya antes había caminado, solo que ahora solo lo hacía solo.
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