lunes, agosto 02, 2004

Blanca Navidad

Esto de la navidad no me atrae ni por el pretexto secundariano de ir a pistear y
pasármela beodo, tirar desmadre. Es como los catorces de febrero, las semanas santas o los años nuevos...
La neta es que se me hace desventajoso eso de que afuercitas se tengan que regalar cosas, no frieguen, no logran otra cosa más que disminuir los ánimos de los chiquillos que de plano es neta no les pueden ni comprar un trompo. No quiero hacer uso de mi panegírica sensiblería, pero.... ¿Si o no?, está cabrón despertar un día como cualquier otro (que al final eso es la navidad, un día cualquiera, si no pregúntenle a un habitante de Timbuctú) y que toda la bola de chavillos del barrio traigan sus juguetes nuevecitos y tu no traigas más que la baba seca alrededor de la boca que tiraste mientras dormías, además de un lagañero cegador ... por más que te la juegues del más macizo de toda la palomilla eso te cala, y es que no hay sentimiento de impotencia más amargo que el de un chavito que no tiene lo que los demás si... Y eso no es todo... lo peor empieza desde antes que llegue el gringo ridículo y mamón que es satán clós. Cuando estás en la escuela y la maestra empieza a preguntar “¿a ver niños que le pidieron a santa clós?”, tu te quedas de aquellas mientras tus compañeritos dicen:
-Mi mamá le dijo a santa clós que me regale un viaje a Dysney (¡Soc!)
-Yo pedí un nintendo, y si me lo van a traer...
-A mí me van a traer todo el equipo de jimán en el castillo estiércol...
- La maqueta de dick treicy...
Chale, todos los juguetes de los que hablaban los compitas de la primaria yo solo los había visto en la tele, es más hasta pensaba que era imposible que a alguien le amaneciera toda la ciudad de dick treici. Yo pensaba que el ratón miguelito no existía en la vida real, hasta que el Piña llegó después de vacaciones navideñas con una foto donde aparece contento de estar con la rata esa...
El mundo es muy desigual, tanto que mi Amá inventaba las mejores excusas para decirme porque yo no fui a ver al idiota de gufi ni por qué no me amaneció un excrementor. Explicar y convencerme le llevaba como dos meses de reclamos, desobediencias y fascismo infantil (si no tuviera jefita sería el mejor cliente potencial de los sicoterapeutas o si no ya me hubiera ido con la primer mujer que se me atravesara...).Sabiduría materna: Ni están arriba los que lo merecen, ni están abajo tampoco los que lo merecen .
De mi jefe ni hablar; le valía reverendo comino eso de la navidad y las pendejadas de consumo. Para él la navidad no significaba otra cosa que la llegada de un panzón barbón vestido de rojo que venía a quitarle su feria que tanto trabajo le costó ganarse (y vaya que le cuesta, porque eso de trabajar en las tierras e mucho mas duro que plantear y replantear un objeto de estudio para un doctorado sobre la importanciareligiosadelosresortitosdelasparrillaselectricas). Su lógica era la más precisamente simple, rebaso de sesudos ecónomos: cabrones vendedores, dan más caro por que toda la gente compra más en estas fechas... si les conviene a los cabrones...
Por estas fechas no sabía esquivar que me invadiera el socarrón espíritu navideño y demás ramplonerías prefabricadas pintadas de rojo y envueltas para regalo, y no se ni por qué, si el arbolito que ponían en la casa era el que ya no querían en casa de mi tía “la rica”. Mi jefe nos compraba los regalos a güevo (o más bien creo que lo forzaban, porque no es que el jefe fuera piedra, porque si se disparaba con zapatos tramos y camisetas chidas, si se subía la loma de picheo, no importando que fuera navidad). Y luego, mi Amá nunca nos dejó agarrar ropa y juguetes que mandaban los de las “ciudades hermanas” (gabachas con mexicanas) para la raza de los ranchos jodidos: No andes agarrando ropa ni juguetes de los pinches gringos: no vaya a ser que estén llenos de sarna o cualquier otra enfermedad mala (más sabiduría maternal). Total que me invadía el espíritu nomás por que en la escuela y la tele me decían que había que sentirse navideño.
Mi navidad infantil terminó cuando como a los doce años de edad mi jefe llegó con una colección de “los clásicos” (que todavía conservo), era el regalo más extraño de la persona más extraña que jamás haya recibido. Ahí terminó la navidad acartonada, lacrimógena y sosa de la que tanto habla la coca cola y todos los que quieren dinero a partir de hacer infelices a tantos niños con todo y jefecitos. Que no me vengan a mí con esas pendejadas de hablar de valores y buenos sentimientos en sus anuncios cuando todos sabemos que lo único que quieren es vender para seguir patrocinando guerras donde matan muchos niños: recuerden que el hombre le hace caricias al caballo pa´ montarlo.
Ya de alcoholescente todo eso de la Navidad se volvió pretexto... pssss, es la neta andar de casa en casa, probando las cenas que hacían en cada hogar. Tres días de agarrar cura maciza.
Una vez mi primo chevo se cayó en una fogata clásica de navidad, me dio el tonto, me reí demasiado: duró ardiendo como 8 minutos y yo risa y risa... y es que este primo no se mide, se pone como vaca babosa y llega un momento en que toma por instinto que saca quien sabe de dónde. Me regañaron mucho y hasta me acusaron de que yo lo había empujado... eso si fue una tibia navidad (je).
Así se fue pasando la Navidad para mi, hasta estos días en que el mundo ha gastado ya gran parte de mi buen humor; y es que así es esto de los sentimientos prefabricados a través de el día de. Si me dijeran cual es tu día favorito diría que es el día del albañil: vieran que divertidotas se hacen con mis tíos los patas blancas, donde por cierto asegura el payo que dichos convivios deberían aderezarse con la presencia de una dama de buen ver para que los arañiles hagan gala de sus más finos piropos mientras la muñeca camina por entre ellos como en pasarela...
Un catorce de febrero nos encontramos mi amigo el Madrochas y yo, me decía este que debería también existir el día del Odio, que haya en ese día vendimia de pistolas con rosas negras y amarillas, gillettes afiladas, dulces envenenados etc...

Volviendo a lo de la navidad la verdad es que me da flojera, y no se que sea, igual es como siempre y soy yo el equivocado y debería de ver las cosas desde otra perspectiva; y volver con mi exnovia e ir a pasarla con su familia en navidad, comprar regalitos para todos, ayudarle a sus hermanitos a poner el arbolito, vestirme de santaclos y cantar jingles ridículos; y es que sinceramente no creo que quiera ir se a pasársela a mi casa mientras dura la blanca Navidad a ver toda la colección de películas del maese Kubrick con salidas esporádicas al expendio, leyendo lo que no he leído desde que paso mucho tiempo con el yo que es un pronunciado solitario; a escuchar el puño de cassetes y cidis que le he aplazado al oído y al corazón... con el viejo pedoso en el otro cuarto donde tal vez esté pensando que lo que estoy haciendo es una perdida de tiempo.


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